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Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedINDurante años fue un sello del lujo hotelero, pero el desayuno buffet enfrenta crecientes cuestionamientos por el desperdicio de comida, el consumo excesivo y su impacto ambiental.
Pilas de panqueques, bandejas de pasteles, huevos revueltos en grandes recipientes, hileras interminables de frutas, embutidos y quesos.
Los buffets de desayuno en todo el mundo prometen abundancia y, a menudo, entregan exceso.
Pero detrás de ese atractivo se esconde una realidad más incómoda: el desperdicio de alimentos.
Los desayunos buffet están entre los principales responsables, generando más del doble de desperdicio que las comidas a la carta: unos 300 gramos frente a 130 gramos por persona.
Para enfrentar este reto, algunas cadenas hoteleras han empezado a introducir cambios.
Scandic Hotels, en el norte de Europa, redujo el tamaño de pasteles y muffins, animando a los clientes a repetir. Ibis, con presencia en 70 países, utiliza platos más pequeños, mientras que Hilton Frankfurt sirve yogures y frutas en envases individuales.
En el Novotel Bangkok Sukhumvit, los carteles junto al buffet recuerdan: "Tome solo lo que pueda comer".
Las cadenas de lujo se inclinan hacia experiencias personalizadas: desayunos del mercado a la mesa en Six Senses; colaboraciones con chefs y baristas invitados en Anantara; o rituales de bienestar antes del desayuno en Aman.
Hilton, con casi 6.000 propiedades en más de 100 países, se comprometió a reducir en un 50% el desperdicio de comida para 2030.
En Asia, algunos de sus hoteles usan inteligencia artificial en cocinas, emplean vegetales "imperfectos" o transforman residuos en fertilizantes. Otros donan los alimentos sobrantes a bancos de comida.
El reto, según los expertos en hospitalidad, es equilibrar sostenibilidad y expectativas de los huéspedes. Algunos hoteles combinan buffets reducidos con menús de especialidades servidos en mesa o barras rápidas para llevar.
Los hoteles deben involucrar a su personal y comunicar sus esfuerzos para que los clientes se sientan parte de la solución.
Un desayuno a la carta, cuidadosamente planeado, no solo reduce el desperdicio, sino que también puede dejar al huésped la sensación de haber sido realmente consentido antes de hacer el check-out.
Las torres de cereales y las montañas de pan fueron durante años sinónimo de lujo hotelero. Hoy, en cambio, muchos hoteles las ven como un exceso difícil de sostener.
A medida que el lujo se redefine en torno a la sostenibilidad, el desayuno a la carta emerge como la nueva forma de disfrutar con conciencia.
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